VOLVER A «EL PUNTERO DE DON HONORATO»

Canciones desde las ventanas

o de cómo doña Purita, confinada, extiende la ilusión por el mundo

Publicado en www.aularia.org

 

Los dibujos son de Pablo Martínez-Salanova Peralta

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez


El puntero de don Honorato/Bibliografía/Lecturas de cine/Glosario de cine


Y visto lo visto, doña Purita se confinó. Entre las cuatro paredes de su domicilio. No era la primera vez, en momentos terribles de su pasado se recluyó para que un temporal político pasara por delante de su casa. Sabía estar encerrada, y cuántas veces lo hizo por corregir ejercicios, ayudar, asesorar, animar o consolar a los cientos, miles, de alumnos que aprendieron con ella. Ahora lo hacía por obediencia y solidaridad. Era muy importante no ser causa ni vehículo de contagio, además de defenderse ella misma de cualquier situación de riesgo, que más vale prevenir que curar.

Le costó a doña Purita la reclusión, sí, no hubo otro remedio. Era amante de las praderas y los cerros, de respirar la montaña, de caminar por senderos rurales, de vivir los aires de la sierra. Encerrarse entre cuatro paredes en soledad, le causó tristezas, dejar de observar, controlar, reñir y explicar a los irresponsables de sus alumnos la llenó de zozobra. Así eran las cosas, la Humanidad superó otras pestes que, aunque se saldaran con tragedias, cambios de gobierno, infinidad de muertos por las calles y en ocasiones desmanes y guerras, hicieron avanzar la ciencia y el conocimiento. Sin embargo, abandonar el contacto directo con los alumnos era otra cuestión, ausencias muy difíciles de superar.

El primer día de encierro suspiró con un aydemidiosmío profundo, salido de sus entresijos, sentido, en el que resumió pesadumbres y sentimientos, observó con detenimiento el saloncito, preparado para estar a solas con los propios trabajos y pensamientos, se encomendó a sus ancestros, que ya vivieron sucesos similares y se dispuso a un estado de obediencia solidaria, reclusión generosa de la que pensaba salir en unos pocos días. Cuando finalizó la preparación de unas clases que de momento no sabía si eran posibles, se entretuvo leyendo versos, y rememoró situaciones en las que la poesía fue su bálsamo, cuando elucubró fantasías juveniles, hizo literaturas y poemas, en los mismos lugares en los que pasó la adolescencia, donde en su niñez escribió sobre el olor a vaca, las delicias de la canela en los postres maternos, la picadura de abejas y el caminar exacto de las hormigas, que se transformaron en su adolescencia en rimas sobre amores perdidos de pastores y caminantes, entremezclados con trasgos y ninfas de las campiñas.

Y llegó la primera noche, y abrió las ventanas y se sumó a los miles de aplausos con los que sus vecinos hicieron homenaje a quienes generosa y profesionalmente se dedicaban a ayudar, paliar, sanar a sus conciudadanos. Abrir las ventanas no fue solamente un soplo de aire puro, un contacto con el fresquito del atardecer, un respiro a sus angustias, fue mucho más, abrirse al mundo, encontrarse con su vecindario en las ventanas y balcones, envueltos en sonoros aplausos dedicados a quienes exponían sus vidas en el cuidado de los infectados por ese virus desconocido que asolaba la faz de la Tierra.

El soplo del atardecer, acompañado de la música de fondo de los aplausos, que se acompañaba de canciones e instrumentos musicales, despejó el aire viciado de la casa, que desde niña le habían enseñado, lo mejor una buena corriente de aire para dispersar las miasmas, limpiar de ponzoña el ambiente, y volver a comenzar la tarea. Un buen barrido era indispensable para iniciar cualquier jornada de trabajo.
Abrir las ventanas supuso el saludo al vecindario, y notó que el cuerpo le pedía más, el saludo a sus vecinos abrió su espíritu, y constató que al mismo tiempo que se purificaba el aire, abría su mente, y deseaba desplegarse más, y entró en su ordenador y se explayó en momentos y redes, conectó con el mundo, con amistades y conocidos, algunos muy lejanos, otros de cercanías de siempre. Experta en redes, y un tanto mandona, llamó, organizó, dispuso, primero a don Honorato, su compañero de trabajo e infortunios, de avances y retrocesos, de evoluciones y vueltas atrás. Doña Purita siempre fue partidaria de tener puertas y ventanas abiertas, en su casa, en su clase, hacia el mundo, nunca cerrar una posibilidad de comunicación, de aprender, de buscar, jamás cerrar un diálogo, una discusión, dejar abiertos caminos, cauces, conversaciones, en una discusión mantener la calma y las vías de comunicación con alumnos y padres, con amistades y con vecinos, nunca perder los nervios. El confinamiento, se prometió, sería un nuevo aliciente para aprender mientras enseñaba.

Y sí que se dispuso a buscar formas de manifestarse, de hacerse notar, de trasmitir mensajes y contagiar, difundir, animar. Y recordó a Facundo Cabral, y su poema

«Está la puerta abierta,

la vida está esperando

con su eterno presente,

con lluvia o bajo el sol. »

Y ahí encajó a don Honorato, al que implicó en sus ilusiones didácticas y contagió su experiencia en las redes, y lo hizo emerger de su confinamiento, y convenció de hacer uso de sus conocimientos y posibilidades y abrirlos al mundo, a nuevas ventanas y redes, y convencieron a otros compañeros, antiguos alumnos, familiares y amistades de toda la vida a reunirse con ellos.

No cabía la soledad sin la gente, como cantaba Facundo

«Está la puerta abierta,

juntemos nuestros sueños

para vencer al miedo

que nos empobreció. »

A don Honorato le encantó la idea de las puertas abiertas, las ventanas de par en par y abrirse a los mundos infinitos, desconocidos. El maestro fue siempre un enamorado de las grandes dimensiones planetarias, sabía de estrellas y asteroides, de universos sin fin y de leyes cósmicas, vivió su vida personal y docente en el mundo de las matemáticas y la ciencia empírica y la astronomía, y fue feliz al iniciar en las redes el camino de los contactos siderales, los cálculos astrofísicos y las diversiones y entretenimientos, juegos matemáticos que tanto le hicieron a él aprender y que tanto juego le habían dado en sus clases. Inventó nuevas actividades y diversiones, rebuscó en carpetas y cuadernos y rescató miles de ilusionantes pasatiempos para aprender, juegos, retos, que pensó durante décadas para sus alumnos. Y los trasmitió en las redes, los abrió al mundo y permitió que entraran en ellos, se entusiasmaran personas de todas las edades de lugares que nunca imaginó.

Hizo jugar , calcular y buscar soluciones a infinidad de personas desconocidas con bolitas de papel, palillos, lapiceros, gomas de borrar, vasos y tazas, los recuadros de un mantel, las formas geométricas de la vivienda, el agua y las botellas de refresco, los tapones, y un sinfín de elementos con los que animó a realizar cálculos, a imaginar situaciones, a crear estrategias, que azuzaron, avivaron el pensamiento y la creatividad, orientaron a resolver problemas, y las trasmitieron por las redes. Así conocieron e inventaron sobre los ángulos, los círculos, se adentraron en la hipotenusa, los catetos y la regla de tres, y al hacer una vidriera con papeles de colores, celofán, cartulinas y pinturas, trabajaron las figuras planas, los triángulos, los paralelogramos y el círculo y sus tangentes y secantes. Y ligaron su geometría a los trabajos de los antiguos griegos y medievales, con lo que se introdujeron en la historia y la naturaleza.

Don Honorato sugirió buscar fractales en Internet, y llegaron a descubrir las teorías del caos, y llenaron el mundo de vidrieras llenas de colores, que alegraron con figuras planas, geométricas, hipotenusas y catetos sus viviendas, en las que entraba la luz y recordaba lo que aprendieron.

Maripili, Rosarito, Manolín y otros se animaron a hacer un calidoscopio, idea de un estudiante hindú que pronto se sumó desde Bombay y se ofreció a enseñar a hacer el artilugio, un instrumento óptico que genera formas geométricas. Algo mágico en lo que decenas de personas se unieron, hicieron sus prácticas, difundieron, se comunicaron entre ellos, se dieron ideas, mediante un sinfín de comentarios, comunicaciones, mensajes y conocimientos.

Doña Purita animó al uso del móvil para filmar, filmarse, comunicar sentimientos y descubrimientos, para que se abrieran los corazones y las viviendas en las redes, y las extendieron, y la ola se amplió al mundo, y se enviaron a los confines, sin saber a dónde, y llegaron mensajes de todos los continentes. Se les desbordó el procedimiento, se generó un verdadero movimiento, desde el mundo entero llegaron actividades, preguntas, informaciones, filmaciones, fotografías, poemas, solicitudes de que se organizaran cursos, seminarios, talleres y conferencias, se originaron muchas preguntas, y ellos conectaron con otros maestros, otros profesores que fueron complementando su tarea.

Y lo hicieron todos juntos, como cantaba Facundo Cabral

«Iremos de uno en uno,

después de pueblo en pueblo

hasta rodear al mundo

con la misma canción.»

Doña Purita abrió las redes a la poesía, a la música, a la creatividad, y organizó un entramado en el que todas las artes eran bienvenidas, el dibujo, la danza, la realización de máscaras y azulejos, donde se utilizaban todas la técnicas, acuarelas, rotuladores, recortes, filmaciones, y todas las situaciones posibles, pensar metáforas, construir herbarios, fotografiar el agua, diseñar nubes o plasmar las emociones del paisaje.

Y aprendieron lo que era un haiku, la composición de origen japonés, que consta de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente, sin rima. Y que con dos versos más se convierte en un tanka, y llegaron tankas y haikus a millones incluso de Australia y Nueva Zelanda, y se organizaron grupos en la red que los improvisaban y difundían, pues proceden de un sistema del renga, género de poesía colaborativa japonesa que se trabaja en conjunto, y que facilita la participación y la improvisación. Y lo hicieron entre varios, se le ocurrió a Rosarito, iniciar los tres versos del tanka y alguien en el otro lado del mundo terminaba los versos finales, y se llenaron de emociones y sentimientos, y se expresaron así flores y paisajes, que se acompañaban de fotos y videos.

Y aprendieron y disfrutaron, crearon y se emocionaron con las fotos, pintura, dibujos, collage, esbozos de la Naturaleza, caligramas, poemas de todas las formas y recursos imaginables, incluso con poemas corporales, o basados en la exploración de los sonidos y el canto de los pájaros. E hicieron teatro, y cantaron, y bailaron al son de instrumentos inverosímiles, a los que se añadieron gentes de pueblos lejanos con sus ritmos y sones.

Los poemas dieron la vuelta al mundo y volvieron a manos de sus iniciadores convertidos en dibujos, o en otros poemas, ya fueran haikus, sonetos o kaligramas, y se desarrolló la creatividad en tejidos de cuerda, canciones, composiciones florales, dibujos animados, hilos, tejidos y trenzados, mariposas de seda, colecciones de todo lo imaginable, pinturas de tiza en las calles, globos, farolitos, y se superó toda creatividad. Y hubo quien grabó poemas, recitados, y creó «Audio-poemas», montajes con fondos musicales que ampliaron las ideas, sugirieron otras realizaciones y dieron lugar a diversos productos de audio y vídeo, recreaciones de cuentos, relatos, biografías y poemas.

Y se recordó a personas casi olvidadas, ya en las brumas de la historia, creadores de relatos y poemas, y a quienes hicieron avanzar la ciencia, y así salieron del baúl de los arrinconados mujeres y hombres que ya en sus tiempos revolucionaron el mundo de la cultura, que extendieron ideas y descubrimientos sin necesidad de redes telemáticas, que dieron su vida por un invento, que padecieron miseria o persecución por sus escritos, dibujos o ideas. Y las redes telemáticas los llevaron de un lugar a otro, y se buscaron en los estantes de bibliotecas sus escritos y en la red sus trabajos, y se rescataron efemérides y hechos perdidos, y fueron algunos descendientes de aquello famosos quienes dieron a la red más datos, y documentos, que a su vez se trasmitieron, se manifestaron, y animaron a otras búsquedas.
Así llegaron a manos de los maestros, admirados, cartas, escritos, obras inéditas, material muy valioso para la ciencia y la literatura, al mismo tiempo que imágenes y fotografías de tiempos pasados, de gentes que aportaron al mundo cuando aún no existían las redes, que tenían en tiempos de pandemia la posibilidad de salir a flote, a la vista del mundo. Y los maestros sobre ese material asombroso invitaron a continuar la búsqueda, y a difundir los descubrimientos, y a crear nuevos inventos, diferentes dibujos, otras perspectivas, y las redes se llenaron de recetas de cocina, de fotografías sobre ilustraciones en aceras, y recuerdos de quienes hicieron poesía y literatura.

Y doña Purita rememoraba a Charles Baudelaire, «Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive.»

Y propusieron leer libros, ya fueran encontrados en escondidas estanterías o nuevas adquisiciones, y que las lecturas se manifestaran en las redes, «cuéntanos lo que lees para que todos lo leamos», dijeron, y miles de personas de todas las edades les hicieron caso, se dispusieron a buscar nuevos textos, poemas, novelas, biografías, y las contaron en sus blogs, en sus mensajes, en sus fotografías, en las sesiones de vídeo, en sus filmaciones, y animaron a familiares, a amistades cercanas, y también a gentes del otro confín del planeta. Y se convirtió en eslogan, «Cuéntanos lo que lees para que todos lo leamos», animó a miles de ciudadanos, que buscaron en rincones y librerías qué leer.

Y así, abiertas puertas y ventanas, se mantuvieron en confinamiento, ilusionados, esperaban la última idea que llegara por las redes, una sugerencia de don Honorato o de doña Purita, de trabajos creativos, decenas de personas se convirtieron en miles, tal vez en millones, pues las olas cibernéticas no paran, no se conoce su influencia ni su término, rompen fronteras, difunden información y entusiasmo, no tienen límites entre las artes y las ciencias, el juego y la investigación, la diversión y la difusión, y amplían el campo de acción de pinturas, imágenes o poemas.

Doña Purita y don Honorato eran conscientes de que un maestro no debe querer que sus alumnos repitan esquemas, que hagan lo mismo que se les muestra, sino que hagan suyo el aprendizaje para transformarlo, no se trata de repetirlo sino de adaptarlo a cada persona. Y hasta el fin de la pandemia, las ventanas se mantuvieron abiertas, las redes se convirtieron en cauce imprescindible de transmisión del conocimientoy.